sábado, 3 de agosto de 2013

Desde el primer día existió una conexión. No era producto del azar que 10 años después siguiera a mi lado, haciéndome compañía en los momentos difíciles, recibiéndome alegremente cada que cruzara la puerta, disfrutando mis melodías y silencios, durmiendo en mi cama.
Tal para cual, dos busca-pleitos, entusiastas de los días lluviosos, gustosos de quedarse en cama olvidando lo demás.
Lejos de todo menos de ellos.

Hay tanto de mi en él, como de él en mi.
Al fin de cuentas, los perros siempre se parecen a sus dueños.

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