sábado, 7 de septiembre de 2013

Melancolicos recuerdos de Sábado

Lo eramos todo; conocidos, compañeros, mejores amigos, novios, amantes.
Eramos el "¿Para cuándo la boda?" de mis amigos y familiares. Aún siendo tan jóvenes planeábamos un futuro juntos, tantos planes, tantas posibilidades, tantos deseos, tantas metas, tanto amor.

Ahora  no puedo hacer nada más que llenarme de melancolía oyendo la extensa playlist de lo que serían nuestros momentos más cursis, no necesariamente los más felices pero quizá los más valiosos.
Pienso en todo lo que pasamos, en todo lo que queríamos que fuera y en todo lo que nunca fue.
Recuerdo esa emoción incontenible que sentía, esa sensación de bienestar absoluto al solo ver esos ojos color miel. 

Me pierdo en tu recuerdo una vez más.

No mentiré, te extraño. Extraño el bien mutuo que nos hacíamos. 
Extraño ser la causa de tu sonrisa en vez de la de tus lagrimas. 

Siempre serás una gran parte de mi, al igual que esas canciones cursis de Judas Priest que tanto me encantan gracias a ti.


lunes, 26 de agosto de 2013

Cariño obsesivo tal vez.

Días enteros, quizá ya una semana o dos, tal vez más, donde en mi mente solo estas tu. No debería de sorprenderme ya que paso la mayor parte de mi tiempo a tu lado.
El problema no es quererte ni estar a tu lado, el problema es que el deseo de hacerlo se transforma en necesidad, necesidad de ser única en tus brazos, de disfrutar tus caricias y besos, ser la razón de tus sonrisas, de ser totalmente tuya y tu solo mio, de tener todo de ti.
Me sorprende cuanto me haces quererte. 
Me sorprende cuanto me haces extrañarte.
Me sorprende cuanto me haces falta.
Me sorprende cuanto te deseo.
Me sorprende cuanto te amo.

sábado, 3 de agosto de 2013

Huyo de ti esperando encontrarme
Huyo de mis sentimientos esperando perderlos
Huyo de tu mirada esperando ocultarme
Huyo de tu recuerdo esperando no revivirlo
Huyo del conflicto esperando no enfrentarte
Huyo de las expectativas esperando no tener que cumplirlas

Huyo de mi humanidad esperando no sufrir.

Desde el primer día existió una conexión. No era producto del azar que 10 años después siguiera a mi lado, haciéndome compañía en los momentos difíciles, recibiéndome alegremente cada que cruzara la puerta, disfrutando mis melodías y silencios, durmiendo en mi cama.
Tal para cual, dos busca-pleitos, entusiastas de los días lluviosos, gustosos de quedarse en cama olvidando lo demás.
Lejos de todo menos de ellos.

Hay tanto de mi en él, como de él en mi.
Al fin de cuentas, los perros siempre se parecen a sus dueños.